Friday, September 19, 2008

La Voz del Fantasma

Escribir acerca de Mark E. Smith es una tarea hostil. Es una de esas personalidades que parecen no encajar sobre su propio molde, que huyen de su mito apelando a los recursos más obvios: el bostezo, el ridículo, la supuesta amnesia. Su música está a años luz del standard de sonido mainstream e incluso del negocio de la vanguardia, es un universo abrasivo, repetitivo y deforme que parece la mejor manera de acercarse por partida doble a los vestigios de esta sociedad post capitalista y, por qué no, a su propio cerebro.

Estoy comenzando a creer que la belleza es un fascismo. Como un dictamen godardiano: sino estás contra ellos, sos cómplice. Mark, pedazo de estúpido, destruye su música por vos, para que no creas en todo lo otro. Podría hacer canciones radiables, por qué no, escuchen Cruisers Creek, I feel Voxish, L.A., podría tener su puto éxito de ventas, pero decide no hacerlo. Es un artista. Juega con tus límites y con tu paciencia y sacrificando su éxito (hablando de dinero, claro) ridiculiza a cualquier otro aspirante a rockero rebelde que las hordas de periodistas inútiles de la NME o la RS (todo es una puta sigla en estos días) siempre están dispuestos a encumbrar. A diferencia de la fealdad de una banda como Beat Happening, que se aferra a alguna clase de inocencia, The Fall, el monstruo de miles de cabezas que creó Mark, es cinico, consciente de su proceso autodestructivo y feliz en ese juego. Hay tantas mentiras que un tipo brutalmente honesto parece un marciano o un loco. Dios lo bendiga.

Su voz es un capítulo aparte. La melodía se desintegra en gritos, vociferaciones, balbuceos incoherentes que disfrazan la verdad con el único atuendo que puede usar en estos días: el absurdo. I have dreams, I can see Carloads of negro Nazis, Like Faust with beards, Hydrochloric shaved weirds. Es la voz de un fantasma. Un borracho en un karaoke punk. Si el rock tiene algún sentido, es por tipos como él. No le crean: no es un estúpido. Rehúye de toda etiqueta como si evitara la tentación de convertirse en una leyenda, forma elegante de referirse a los muertos. Escapa de lo obvio y sigue destruyendo, en vano, la enorme estructura de cosas bellas que nos tiene preparada la cultura pop.

Los grupos de ahora me suenan a negocio. No me relaciono con eso, para nada. Siempre es “gracias esto”, “gracias a mi manager” y esa no es la razón por la que comencé con mi grupo. Hay demasiadas bandas, demasiados músicos. Y todos están en esto por las razones equivocadas. Vi un documental en BBC2 sobre Pulp o Blur. Decían “estamos en esto por las mujeres o las drogas”. ¿De qué mierda estás hablando? Dicen: “Siempre quisimos ser como los Beatles: llenos de minas”. Siempre lo mismo: “Jarvis Cocker nunca hubiera tenido una mujer si no fuera estrella de rock”. ¿Pero a quién le importa? Bien por vos, pibe. Bien hecho. Yo tenía más mujeres antes de estar en The Fall. Y tenía más dinero antes de estar en The Fall.

Nunca estuve en Manchester, claro, pero ser fan de algunas bandas y de algunas películas me han dado algún tipo de panorama: cielos grises y estáticos, fábricas venidas a menos que largan un humo espeso, planes de vivienda color ladrillo, etc. Mark E. Smith es un producto mancuniano. Nació en 1957, es el mayor de tres hermanas. Su abuelo Fred tenía una empresa de fontanería en la cual estaba involucrada toda la familia. Cuando Mark dejó la escuela y también se rehusó a trabajar de destapador de caños se fue de su casa y comenzó a trabajar en los muelles para mantenerse. Para ese entonces se fue a vivir con su novia, Una Baines.

Mark descargaba y cargaba cajas. En la escuela se jacta de haber sido el mejor alumno entre los 200 que iban con él. Es una especie de satisfacción. Era el único con acento mancuniano en todo el colegio, así que muchas veces sus compañeros lo hacían hablar frente a toda la clase para reírse. Por eso mismo, se mantenía generalmente en silencio. Hoy es cierto que muchos graduados universitarios se juntan para interpretar los textos herméticos de Mark, algo que no deja de provocarle cierta gracia: hay superabundancia de universitarios hoy en día.

El pequeño Smith formó The Fall en 1977, a sus tiernos 20 años. La decisión la tomó luego de ver a los Sex Pistols en el Lesser Free Trade Hall de Manchester. Todo el mundo sabe que ahí estaban los Buzzcocks, los futuros Joy Division y algunos notables y anónimos más. El nombre se lo deben a la novela de Albert Camus. Live At The Witch Trails es el comienzo de una discografía que se extendería indefinidamente, que se piratearía a sí misma con todo el empeño del que Mark es capaz. Su objetivo ha sido alcanzado: no hay un disco clásico de The Fall, no hay un canon de 10 canciones de The Fall, no hay un hit o un tema conocido por tu abuelita. No. La música se mantiene en su contexto. Lisandro Alonso, director de filme anti comerciales como La Libertad o Liverpool, se resiste a estrenar sus películas en el mismo complejo que Wall E porque sabe que nadie la apreciaría allí. Tiene mucha razón, y quizás Mark suponga lo mismo. En algún momento (a mediados de los ochenta), cuando estaba casado con Brixie, su novia americana que tocaba la guitarra en el grupo, su música se volvió luminosa y llegaron a tener apariciones fecuentes en MTV, pero luego esto también de deshizo. El auto boicot como estrategia de dignidad.

De joven Mark era atractivo de un modo muy particular: delgado, fibroso, hiperactivo, balbuceante y con la palabra clave en la punta de la boca. No le tenía ni le tiene miedo al borde, al filo, a lugar donde la buguesía te suelta la mano y te deja solo en tu búsqueda. Ahora luce como una horrible tortuga y verlo interprentar en vivo una canción como Blindness es una experiencia fascinante. Detrás de él vemos a lo que se suele llamar el resto de la banda, ninguno supera los treinta años, y cuando el guitarrista ejecuta algún solo especialmente largo Mark se acerca a su amplificador y destruye el sonido con las perillas. No es algo bello ni algo feo, es el fuck you necesario que sostiene el mundo.

Cuando tenía diez años quería ser un viejo de sesenta.

Una anécdota penosa y divertida sucedió en un concierto en Nueva York, en el cual Mark se agarró a los golpes en pleno recital con dos miembros de su banda. Un espectador filmó todo el asunto y esas imágenes se transformaron en el momento más insólito del documental sobre el grupo realizado por la BBC. Cabe aclarar que la pelea siguió en el hotel y derivó en el arresto y la encarcelación de Smith. La banda volvió a Inglaterra sin él, que permaneció dos días en una pequeña cárcel de cemento. No dijeron eso en la televisión, ¿no? De hecho, cuando volví me enteré que habían formado un grupo nuevo, The Ark. Eso es Mark sin la M, ¿entendes? Mark no es el jefe más accesible del mundo, está claro. Y no pierde su sentido del humor. Hundida sin dejar rastro terminó, el Arca.

The Fall no es cómodo para oír, es un universo hermético que requiere la paciencia que la televisión supo destrozar. En algún punto se cuela una estructura, alguna forma de ritmo bailable, como una rave sin la frivolidad. Después de todo, ¿qué otra cosa representa la electronica sino el más absoluto nihilismo? No hay melodías, no hay ideas, no hay sentimientos, todo sobra excepto el ritmo, la superficie de placer y la sensación de eternidad que otorga la pérdida momentánea del devenir temporal. Pero The Fall es extremo. No se trata de bailar. Muchas veces es sólo un endeble riff de guitarra prolongándose indefinidamente. En What You Need? uno espera durante 5 minutos la llegada del redoblante y cuando por fin entra la canción termina y una sensación de vacío se apodera de los sentidos. Las tres R: repetition, repetition, repetition. ¿Qué estas esperando? ¿Un estribillo? La estructura de la música occidental tiene esa idea de circularidad como base, algo que cierra, un partón melódico que como un drama griego termina en el estado de reposo inicial. Eso no existe en el mundo de Mark. No hay canciones que cierren, ni la posibilidad de un descanso. Sí, aunque parezca un chiste The Fall es una banda que tiene mucho de teoría, de trabajo intelecutual, es una puta propuesta artística que suena a los Stooges.

Mark no se siente cómodo definiendo lo que hace. Algunas veces tiró algunas ideas, música compleja tocada de un modo totalmente directo o el más gracioso música extrema con letras muy extrañas por encima, pero está claro que para él la música es una búsqueda constante, la forma más perfecta de alcanzar alguna clase de verdad. Quizás por eso The Fall nunca deja de editar discos, de reemplazar uno con otro, superponiéndolos, quitándole protagonismo para reforzar la obra en su conjunto. Nunca llego donde quiero llegar. Sólo he podido rodearlo, darle vueltas. Estoy comenzando a entender un poco más.

Cuando un músico del grupo va asimilando el estilo The Fall, Mark lo expulsa sin contemplaciones y va en búsqueda de algún baterista que jamás haya escuchado palabra del grupo. Ese es su espítiru. Bucear en aguas trubulentas, desconocidas. No hay nada más triste que un artista cómodo con su propio talento.

Peter Hammill… Lo que amo de Pete Hammill es que nunca tuvo un guitarrista en su grupo. Es es lo que amo de Van der Graf: no tenían guitarrista. Y había muchos tipos en Manchester que trabajaban en el correo o en los muelles que pensaban lo mismo. No tenían putos doctorados en fucking música. Van der Graf era fucking brillante. Ellos sólo lo sabían.

¿Cuán lejos se está de la sociedad siendo fan de The Fall? Hacerle entender a una novia las razones por las que es la mejor banda de la historia y aquella ante la cual todas las demás deberán ser juzgadas (en sabias palabras de John Peel) es una tarea imposible. Todo el mundo busca belleza y escuchar The Fall es una extraña forma de purgarse. La fealdad como forma de libertad, como actitud para encarar el mundo, como un pastelazo en la cara de la gente común y la sub raza de fanáticos de Babasónicos.

This Nation´s Saving Grace es, quizás, la mejor manera de entrar a a su discografía. Es un disco fenomenal y tiene algún atosibo de melodía, lo cual resulta excitante. Barmy y su riff deforme se plegan a la voz de Mark que aulla I got everything, I got everything I want except for hungry, I got everything I want except for money, I've got the best round set aside for parties. Claro, ¿no? Está el intento de música bailable de L.A., el punk ruidoso de Bombast, ese corte abrupto en Paint Work, el riff clase B de Mansion… Una joya y un sonido menos abrasivo que parece ser la puerta de entrada perfecta hacia la cabeza alienada de Mark.

De todos modos, es ridículo pensar a The Fall en término de canciones o discos. Se está perdiendo una parte fundamental del asunto. The Fall es mucho más que eso, es una sola idea que puede tener momentos densos, luminosos, brillantes o inaudibles pero que permanece inmutable, como si se tratara de un pequeño objeto mágico que crece desproporcionadamente cuando lo tenemos en la mano. The Fall es la paranoia de los inteligentes, es una maquina punk e incoherente empastada por el sentido de autor de Smith, que pude hacer propio un feliz cumpleaños o la sacra A Day In The Life de los Beatles.

La mayoría de las bandas en Inglaterra tienen esas hordas de personas alrededor, que viven de determinada manera. No importa que grupo sea, ¿entendes? Quiero decir, Joy Division llenó esa necesidad tan bien que la gente usaba el pelo corto, tenía posters de él cuando ya había muerto, como Jimi Hendrix pero con otra ropa--- Una escena romántica…. Sentimental… Mirá: yo no ando con esa gente para nada, yo vivo del otro lado de la ciudad donde está Factory Records. No conozco a nadie que esté en una banda. Es genial. Por ejemplo, fui hace un tiempo a ver a Snakefinger de los Residents. Fui por primera vez a un concierto en Manchester en 6 meses. Era tan triste, sabés, la audiencia… Había un montón de bandas tipo los Buzzcocks o los Passage, todos ahí parados, esperando ser notados… Me tuve que esconder atrás de postes toda la noche!


¿Y él? ¿Qué es lo que quiere? No hay fama, no hay dinero, no hay mujeres. Mi teoría es que Mark quiere ser cada vez más feo, deformarse del todo hasta convertirse en un horrendo reptil jorobado que interpreta sin expresión alguna los temas más demoledores y abrasivos de la historia del rock. Su banda de jóvenes detrás, mirando la suela de sus zapatos, sacude los instrumentos y la voz del fantasma inmutable vuela por sobre ellos desafinando, escupiendo el micrófono, conjugando palabras imposibles. Un condenado genio que se caga en Cobain y su cadáver bello y funcional al sistema, siempre gustoso de encontrar una víctima que aplaque los ánimos de la masa. No, Mark no va a ser un cadáver equisito. Mark va a ser la persona viva más horrenda del mundo, y esa es una decisión política y, por qué no, un acto de amor.

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Monday, October 08, 2007

Beat Happening – You Turn Me On


La prosa de Calvin Johnson

A Richard

Si no me equivoco, esta será la primera vez que me incluya como protagonista de mi columna, la cual sabrán, su claro objetivo siempre fue el de hablar sobre música con la mayor de las distancias, sin la intromisión de opiniones y fanatismos. Así la hice durante veintiún años y supongo que no me ha ido mal; la gente, al menos, ha sido muy amable. Me refiero a la poca gente que sabe mi nombre, claro; muchas veces son universitarios que se acercan con miedo y una pregunta tonta, como cuál disco es el ideal para escuchar en un atardecer en el campo, o qué tipo de drogas consumieron los integrantes de Merzbow. Siempre respondo con una sonrisa y la seguridad fingida de un genio: The Sunset tree de Mountain Goats; los de Merzbow tuvieron una sobredosis de Metal Machine Music. En fin, les digo lo que quieren oír. De vez en cuando uno me sorprende y me pide que hable sobre una banda a la que aún no le dediqué el espacio semanal, generalmente nada interesante (rememoro las últimas: Ben Kweller, The Pippets, Ratatat, Dismemberment plan). Pero hará un mes atrás un joven con lentes y pelo graso me alcanzó cuando estaba por subirme a un taxi, y sin necesidad de preámbulos, me lanzó la siguiente pregunta: “¿Por qué es que nunca habló sobre Beat Happening? Digo, si ya mencionó a Galaxie 500, Pixies e incluso a D+, y admitamos que ninguna supera realmente a Beat Happening, entonces ¿por qué insiste en olvidarlos?” Yo lo miré y sonreí, sabía que tarde o temprano alguien me lo preguntaría.

La historia de Beat Happening, al menos la que podemos encontrar en cualquier revista, no difiere mucho de la del resto de las bandas de finales de los ochenta en Estados Unidos: jóvenes cansados del tecnicismo electrónico y sumergidos en una sociedad que los excluye siguen la filosofía del Do it yourself. Hacen todo lo que pueden con lo poco que tienen. Buscan un sonido más punk, más desafinado y más honesto que el resto. Graban un par de discos que no logran mucho éxito comercial pero que la gente sigue escuchando para siempre. Acaso Nirvana sea la única excepción a esta regla. Como dije, ésa es la historia oficial, la que todos suponen. Yo tengo otra, que inevitablemente me lleva a romper con esa frialdad en la escritura que tanto he defendido ante indignados colegas, y que ahora paso a relatar.

No podría definir ni cómo ni por qué, pero de alguna forma, Unknown Pleasures me cambió la vida. Lo escuché por primera vez a los catorce años, cuando entré a la disquería de mi barrio para comprar el último de Spinetta, a quien en ese entonces adoraba como a una deidad. Solía sentarme durante horas a escuchar sus discos con mi padre, mientras él me contaba todo tipo de historias sobre El Flaco. Recuerdo que sonaba Insight. Yo estaba parado frente a uno de los estantes con el rostro perplejo. No entendía nada. Entonces sentí que alguien ponía una mano en mi hombro. Me di vuelta y ahí vi a Pablo, el vendedor, que me miró con cara paternal y me dijo mientras asentía con los ojos cerrados: “Joy Division”.

Desde entonces mi vida tomó ese rumbo, inevitablemente mi padre tuvo que comprender que su hijo se alejaba de su mano. Con los pocos ahorros que tenía compré una guitarra eléctrica y me senté a tocar todo el disco. Estaba fanatizado con el nuevo mundo que acababa de descubrir; podía entonces vislumbrar que Spinetta y Los Beatles eran apenas la punta de un inmenso iceberg. El problema es que a excepción de Pablo, yo era el único de mi barrio que pensaba en ello. Cuando cumplí quince años organicé una gran fiesta y senté a todos los invitados en ronda, les puse The Clash, Buzzcocks, Television y por supuesto, Joy Division, y les fui contando de qué se trataba esa música, de cómo la respuesta estaba en alcanzar la simpleza y no la complejidad, que más importaba la emoción que el virtuosismo, etc. Fue una enorme desilusión cuando al año siguiente nadie quiso asistir a mi fiesta de los dieciséis. Pero no me desalenté y tampoco renuncié a lo que más quería: tener mi propia banda.

Algunas fotografías en la chimenea de mi abuela me recuerdan la inocencia y el impudor de la adolescencia. En una llevo una camisa celeste y el pelo corto, bailando como un frenético Ian Curtis en el acto de fin de año del colegio; en otra tengo el pelo rubio como Bowie en Hunky Dory, era el casamiento de mi prima y yo le había prometido una sesión Glam. Hay otras más de ese estilo, siempre estoy yo con una nueva banda, enajenado, mientras el resto me mira con el ceño fruncido y una sonrisa socarrona. Con los años esa sonrisa se fue haciendo más y más perversa, hasta que llegó un punto en que incluso las mujeres dudaban de mi sexualidad. No voy a mentir: fue muy difícil. Sentía que no pertenecía a ese barrio, a esa familia, mi destino no podía ser ese, alguien se había equivocado. Cuando supe del suicidio de Curtis, sentí que algo debía hacer, no quería terminar de esa forma.

Al mismo tiempo que yo iba perdiendo credibilidad en la gente y que luchaba por hacer entender a todos los bateristas cuál era la forma más apropiada de tocar una canción, la música del norte iba en decadencia. La humanidad estaba fascinada con la música dance, no importaba si ésta fuera buena o mala, y por supuesto la mayoría era mala. Mis compañeras de clase en la universidad me preguntaban si había visto Footloose como buscando el reconocimiento de alguien que sabe. Lo odiaba, sobre todo porque sentía que no había nada que yo pudiera hacer al respecto. Para colmo estaba en la facultad estudiando medicina, cosa que no me agradaba en lo absoluto. Podía haber estudiado música, pero eso hubiese sido aún peor. Al menos así le daba una satisfacción a mi madre.

En el año ’85 hubieron buenos intentos de los Smith, de The Cure o de los Happy Mondays, pero mientras los escuchaba tirado en mi habitación, con los auriculares a todo volumen, pensaba que aquello era más de lo mismo, la repetición de un modelo y no una nueva forma de tocar. Íntimamente yo sabía cuál era esa forma. Me había obsesionado. Compuse algunas canciones y se las mostré a mis compañeros, pero éstos me dijeron que aquello era sólo ruido, que Virus era el futuro. Fui hasta la vieja disquería y allí todavía estaba Pablo, con la misma ropa desaliñada de siempre. “Es muy buen material –me dijo- pero no creo que puedas llegar a ningún lado con él. Admitámoslo, hacés canciones en inglés que apenas puede tolerar el oído común. Incluso viviendo en Estados Unidos te sería difícil tener éxito”. Pablo me hablaba con sinceridad. Tal vez sería mejor renunciar a ese sueño infantil, tal vez el mundo no necesitaba nueva música. En el camino hacia casa, mientras en mi cabeza se debatía mi futuro, compré una revista de rock. Llegué a casa, me recosté en la cama y empecé a leerla. Allí encontré un artículo que me pareció muy interesante y que guardo en mi billetera hasta hoy: “Beat Happening. La banda liderada por el periodista de rock Calvin Jonson, quien además es jefe creativo del sello K Records, lanza su segundo disco, el cual no aporta mucho a la escena musical pero es un buen intento por distanciarse del sonido acostumbrado en el mainstream”.

Al día siguiente me reencontré con Pablo:

-Sí, tengo algo de los Beat Happening. Son buenos, pero no tanto.
-Es como la Velvet, no? Como la Velvet después de Wire.
-Sí, pero no tanto...
-Es verdad, no es para tanto...

No tenía cortinas, las había vendido por un poster de Public Image que encargué a mi tío cuando fue a Londres. Tuve que poner ese poster sobre la ventana, así que todos los días amanecía con la poca luz que se reflejaba sobre el cuerpo de John Lyndon. Me encantaba mi cuarto, echarme con los auriculares a escuchar música y tocarla con mi guitarra. Esa noche puse Dreamy de los Beat Happenings. Es verdad, no era para tanto... acaso si las composiciones se despegaran un poco de Lou Reed, acaso si la búsqueda se inclinase hacia lo oscuro, hacia el ritmo tribal... Sus intenciones no eran malas, sólo lo era su ejecución. Entonces me saqué los auriculares y pensé en ese desconocido, pensé en Calvin Jonson, pensé en su suerte y en su condena: estaba en el lugar indicado pero le faltaba eso, eso que yo sabía que tenía, y no me hacía falta alguien que me lo dijera. Pensé en él y luego, casi por dormirme, pensé en ser él. Cuando cerré los ojos ya estaba en la sala de ensayo, aunque no sería correcto llamar así a ese garage desordenado y húmedo de Ohio. En mi mano tenía el micrófono. A la derecha, un joven calvo tenía una guitarra; la estaba afinando con dificultad. Pum pum pam, pum pum pum pam. Está bien, pero podría sonar mejor, pensé. Me di vuelta, lo vi al baterista y le dije “Qué tal si probás puuumm pam pum puuum pam” Y lo hizo tan rápido como dejé de hablar. El de la guitarra siguió el ritmo y yo, con una voz que no era la mía, traté de entonar una melodía, que fluyó de mi boca con una facilidad pasmosa. What’s forbidden is a treasure hidden, I’ve got a clue on the trail of finding all about you. Y terminamos. Los otros dos me preguntaron cómo se llamaba esa canción. Recordé a Borges y pensé en un tigre, en un tigre atrapado. “Tiger Trap”, respondí.

Fueron en total nueve noches en que la vigilia se confundió con los sueños. Con los años llegué a dudar de todo aquello y me pregunté si verdaderamente estaba loco. Podía contárselo a Pablo, pero preferí callarlo. Sólo dos hechos me libran de dudas: Beat Happening no volvió a editar otro disco luego de You turn me on; Calvin Jonson no volvió al periodismo. Ahora pienso en mi condena: yo tampoco volví a tocar la guitarra. Ahora soy yo el que escribe artículos y sólo puedo disculparme ante mis lectores por un solo hecho: la prosa de Calvin Jonson.

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Monday, August 27, 2007

The Sunset Tree - The Mountain Goats



Este disco fue descubierto, claro, por el blog Lunes Felices, www.lunesfelices.blogspot.com. Y señalo esto como forma de homenaje a esa pareja de hermanos anónimos que en muchos aspectos han actuado como primos mayores con onda que lanzan sentencias de este tipo: “si, Oasis está bueno, pero ¿escuchaste Adorable?”. No conozco ni conoceré a los escritores de esa página que, por cierto, también llevaron adelante la legendaria revista virtual Pink Moon, pero debo decir que gracias a ellos descubrí bandas como Neu!, Kevin Ayers, Gorky´s, The Modern Lovers, etc.

Mi hermano se bajó el disco en la casa de su novia y lo trajo a casa. Luego fue cuestión de escucharlo una y otra vez durante dos meses. Recuerdo el fanatismo de Gastón por el genial Dinnu Lappati´s bones; cada vez que entraba a su departamento repetía la misma escena: ponía la canción a todo volumen y realizaba una perfomance imitando lo que suponía era la imagen del cantante, John Darniell, interpretándola. Claro que ésta es la clase de banda de la que uno se vuelve fanático sin haber visto nunca la cara del líder.

Esta cuestión del anonimato es muy interesante. Si lo analizo brevemente, no conozco a los escritores que me recomendaron al grupo (ni siquiera se sus nombres) y tampoco podría reconocer al cantante de la banda si pasa caminando junto a mí por calle 7. El otro día un pésimo artista callejero lanzó al aire dos frases que sin embargo no puedo olvidar: el rock ha muerto, viva la música electrónica. Claro, estaba hablando del fin del divismo o de los super rock stars en contraste con la invisibilidad de los músicos dance. Más allá de todo lo que tengo que decir en contra de la música electrónica, es muy estimulante que yo sólo compre la música del artista y no la historia de su vida que, claro, es una vida como la de todos. Desde que Internet llegó a nuestros hogares muchas de las bandas de las que soy fanático están compuestas por anónimos, por personas de las ni siquiera sé el nombre. Considero a esta eventualidad como algo positivo, como una forma de evitar conceptos tan vacíos como la imagen o el vestuario para juzgar al artista en cuestión. Sólo arte, por fin.

En realidad, a pesar del nombre en plural, éste es el proyecto solista del propio Darniell, que edita y edita discos uno atrás del otro, bajo diferentes seudónimos o alias. Es un buen contraste en una época en que las bandas se toman 3 o 4 años entre trabajo y trabajo.

The Sunset Tree es un disco de guitarras acústicas llevado adelante por la voz infantil de Darniell. Uno de sus temas principales es el abuso al que era sometido el propio cantante en manos de su padrastro. Tiene momentos realmente dramáticos, y todo con una instrumentación escueta e íntima. En la increíble Up the Wolves encontramos esta hermosa frase

our mother has been absent ever since we founded Rome.
but there's going to be a party when the wolf comes home.
No hace falta decir quién es el lobo.
Quiero volver sobre la voz. Alguna vez, escuchando el cover de Adam Green del tema What a Waster de los Libertines, le decía a mi hermano que la forma de cantar me recordaba a la imagen de Nelson interpretándole una canción a Lisa en uno de los geniales capítulos de los Simpson. Podría repetir la misma sentencia escuchando a los Goats. Es la voz de un pibe de ciudad gris del oeste americano, Houston en este caso, lleno de una ira contenida que expresa a los gritos o, todo lo contrario, mediante susurros intensos que calan los huesos. Ese contraste entre la dolorosa poesía de las letras y la impronta adolescente de la voz es de una hermosura indescriptible. Darniell es un letrista genial. Combina una inocente sensibilidad con referencias intelectuales complejas. Love, love, love es sublime. Transcribo en castellano para entendimiento de todos.

El Rey Saúl se clavó su espada cuando todo andaba mal,
y los hermanos de Joseph lo vendieron bajo el río por una canción,
y Sonny Liston frotó un bálsamo de tigre dentro de su guante
algunas cosas las hacés por dinero, y otras las hacés por amor, amor, amor

Raskolnikov se sintió enfermo, pero no pudo decir por qué
cuando vio su cara reflejada en el brillo de los ojos de su víctima.
algunas cosas las vas a hacer por dinero y otras las harás por diversión
pero las cosas que haces por amor van a volver a vos una por una

amor amor va a guiarte de la mano
hacia un lugar blanco y silencioso
ahora vemos cosas como en un espejo difuso
luego nos veremos unos a otros cara a cara

y camino a Seattle el joven Kurt Cobain
oculto en Greenhouse, pone una bala en su cerebro
silencioso en el césped bajo nuestros pies, lluvia en las nubes,
algunos momentos duran para siempre,
pero otros se queman poco a poco con amor amor amor.


La línea ahora vemos cosas como en un espejo difuso, luego nos veremos unos a otros cara a cara, además de ser impresionante, siempre me ha recordado a Borges. Estuve buscándola en los libros de Georgie y encontré esto en el ensayo Pascal de Otras Inquisiciones:

(...) Recorrí, lo recuerdo, las Escrituras; no di con el lugar que buscaba, y que tal vez no existe, pero sí con su perfecto reverso, con las palabras temblorosas de un hombre que se sabe desnudo hasta la entraña bajo la vigilancia de Dios. Dice el Apóstol (I Corintios, 13, 12): “Vemos ahora por espejo, en oscuridad, después veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero después conoceré como ahora soy conocido”.(...)

No sé y nunca sabré si Darniell leyó a Borges o si ha consultado alguna vez aquél párrafo de la Biblia. El hecho de que en diferentes momentos de la historia tres seres humanos hayan entonado la misma metáfora nos hace pensar con Paul Valery que la historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor.

Esta línea me hace pensar nuevamente en el anonimato del artista como algo positivo o estimulante. Porque, ¿no es aquello que se dice lo trascendente? La cultura ha olvidado el contenido y se ha concentrado con mezquindad en las formas. Eso hace que todos los publicistas de este mundo estén compitiendo para ver quién envuelve mejor el paquete, olvidando la esencia del asunto, digamos (siguiendo la dudosa analogía), el paquete mismo. La caja de la televisión está envuelta en un hermoso papel pero no tiene nada dentro. Si uno analiza a los grandes artistas se puede comprobar que vuelven una y otra vez sobre los mismos temas, sobre las mismos asuntos que la humanidad no ha logrado resolver. No es casualidad (cada vez creo menos en las casualidades) la conexión entre Corintios, Borges y Darniell. Es algo mucho mayor.

Volviendo al disco, creo que a pesar de todo lo triste que parece termina otorgando el oyente una enorme felicidad. Quizás porque Darniell acaba creyendo en el amor, en el poder salvador del amor para redimirnos de tanto desastre.. Es un disco para compartir, para escuchar en soledad pero comentar entre amigos. En esa época todavía nos tomábamos el tiempo de hacer la tapa de cada uno de los discos, de fotocopiar el arte interno y la contratapa. Luego ya fue imposible, bajando 50 grupos nuevos por mes. Pero The Sunset Tree es eso, una felicidad, un tesoro compartido entre pocos, un conjunto de canciones para escuchar los días soleados o los más abúlicos domingos, una compañía asegurada para el resto de tu vida. La canción que abre el disco se llama You or Your Memory.

Me registré en una habitación barata en La Ciénaga
Me colgué mirando el estacionamiento a través las cortinas
Caminé a la tienda de la esquina justo antes de que la noche caiga en mis pies descalzos
Asfalto negro quedado, suave y caliente
Y cuando volví acomodé las compras
En la alacena sobre el lavamanos,
Y me miré a mí mismo a los ojos

Aspirina de bebé St. Joseph
Bartles y James
Y vos o tu recuerdo


Me agazapé detrás de una manta cuando vi que la luna comenzaba a salir
Agobiado en mi depresión apagué la luz
Y ahí en la oscuridad pude ver la verdad sobre mi
Tan clara como el día; Dios, si lo logro por esta noche
Entonces me recompondré e iré por el sendero correcto hasta el fin de mis días

Aspirina de bebé St. Joseph
Bartles y James
Y vos o tu recuerdo
Es una letra conmovedora porque logra capturar detalles banales, imágenes que parecen intrascendentes, y otorgarles una derivación espiritual. Todo el disco está plagado de poesía. No puedo dejar de destacar la letra de Broom People.

El Hudson del 36 en el garage,
Toda clase de porquerías dispersas en la habitación,
Platos en el lavabo,
Nueva paja para la vieja escoba,
Amigos que no tienen idea,
Maestras bien intencionadas,
Pero bajo tus brazos,
Bajo tus brazos soy una criatura salvaje.


El suelo del segundo piso está regado de diarios
Una alfombra blanca con pelos de mascota pegados
Potes de helado a medio comer en el freezer
Combustible fresco para las lámparas de sodio
Escribí buenas razones para morirse de frío
En mi anotador de espiral de alambre


La melancolía es un sentimiento extraño, basado en extrañar cosas irrecuperables. Darniell describe cosas efímeras, como un helado en el freezer o una alfombra llena de pelos, y las congela para siempre. Son imágenes que duran segundos pero a las que trata de aferrarse como si fueran una extensión de su propio cuerpo. Cada vez que escuchamos esta canción el suelo está regado de diarios, y ese detalle fugaz se vuelve eterno. Generalmente se asocia la melancolía con bandas británicas como Coldplay o Radiohead, pero estas suelen incurrir (aunque no siempre) en el estilo patético. Las canciones de los Goats son melancólicas pero a su vez poseen una enorme dignidad.

Una curiosidad que rodea al disco es que durante un largo tiempo creímos que se trataba de una banda de los sesenta que ya estaba separada. Fue una sorpresa mayor saber que The Sunset Tree había sido editado en el 2005. Quizás influyó el hecho de que en esa época estuviéramos muy enganchados con Nick Drake y Van Morrison. Porque The Sunset Tree puede ubicarse sin problemas junto a esos artistas, no tanto por las letras o la intención general sino por el tipo de instrumentación.

Goto ha entrevistado vía mail a Darniell pero esas preguntas nunca fueron publicadas. Aquí las adjunto. La traducción es mía.

Hola Diego.Disculpas por la larga demora!
1.
Goto: Si pensamos que todo artista es el resultado de un cierto lugar y una cierta época, ¿cómo te las arreglaste para sonar diferente a todos tus compositores contemporáneos? ¿Qué estabas escuchando cuando Nevermind estaba cambiando la mente de todo el mundo?
John: Cuando Nevermind estaba en los charts yo escuchaba principalmente KNAC, que era una estación de radio de heavy metal de Los Ángeles. Además, una buena cantidad de música pop mexicana (Los Bukis, Los Yonics, un grupo de chicas llamado Pandora, Juan Gabriel & especialmente mi favorita, Ana Gabriel). Por esa época también estaba escuchando el catálogo completo de Steely Dan, The Gun Club, mucho Coltrane... Siempre he tenido un gusto bastante amplio. No creo mucho en el asunto de la “influencia”. Mi composición es sólo lo que se me viene a la cabeza cuando me siento a escribir; no es algo demasiado planeado.

2.
Goto: No escuché tus discos en orden cronológico. Empecé con The Sunset Tree y luego llegué a Ghana, que también es muy bueno pero que propone una forma diferente de hacer música. El disco empieza con “Hello there, Paul. I had a take and I was listening to it I was very sad and I said ‘You know? It can be done better”. Pienso que es un disco extremo, sin outtakes o grandes arreglos o producción. ¿Es esa tu intención con la música? ¿La idea de honestidad brutal?
John: Te sorprendería cuan apasionadas están algunas personas con respecto a esas primeras grabaciones. Es cierto, yo tuve una idea muy fuerte de “hacélo de una / a la mierda con la producción”, mantuve esa estética durante muchos, muchos años. Creo que la llevé tan lejos como puede ser llevada. El último disco grabado en forma casera se llama All Hail West Texas, y estoy bastante orgulloso de él, pero luego sentí que era el momento de explorar otros caminos. Pero sí, “extremo” solía ser mi prioridad estética número 1. Ahora es “cercano”, si es que eso tiene sentido.

3.
Goto: ¿De dónde surge la necesidad de escribir canciones? Sos el redactor y editor de una revista de rock, ¿algún motivo especial para escribir sobre música?

John: Oh, no lo sé. Sólo tengo el deseo de hacer algo realmente bueno, entendés lo que quiero decir..., y siento que nunca he estado cerca de algo así... Me gusta bastante mi propio material, pero siempre siento que lo puedo hacer mejor, así que es una eterna lucha por acercarse a algún tipo de ideal...

Escribir sobre música es en realidad una forma de tratar de articular mis pensamientos sobre el tema, para tratar de entender por qué me gustan las cosas que me gustan.

4.
Goto: Cada vez que mis amigos escuchan The Sunset Tree también ponen Astral Weeks y Bryter Later. ¿Qué pensás de esa combinación?
John: Bueno, es una linda combinación ya que son discos muy buenos!!! No pienso que mi material sea tan sesentoso en realidad, pero los dos son discos increíbles, claro... Aunque mi disco favorito de Nick Drake es Pink Moon. Van Morrison... hay tanto para elegir de él... Escuchaste Common One? Solía ser difícil de encontrar, pero es de lo mejor de fines de los setenta de VM.

Lo mejor para vos, John.

Acercarme a The Mountain Goats ha sido un hermoso regalo. No me conecté con Darniell ni con su ropa ni con su ideología, sino con eso que sintió durante algunos meses del 2005. Eso que nos une a él y a mí aún cuando jamás nos hayamos visto. Porque no hace falta que nos veamos.

Nota posterior

No tuve cable durante un largo tiempo. Finalmente volvió y sentí un tremendo choque al poner Mtv. El culto al yo y la fabricación de superhéroes musicales es una forma obscena de vender algo que debiera trascender el hecho comercial, en este caso el arte. Lo que la cultura pop ofrece son imágenes fabulosas de personas que no existen, irreales. El Tyler Durden del organo pestilente del Jack que mira la tele, del otro lado del sillón.

La cultura se ha vuelto previsible, y su éxito no se basa en un hecho artístico sino sociológico. Se vende un espectáculo, un evento, un mega show, un par de super lentes. Uno sería capaz de prever cada uno de los pasos de un recital de U2, si se lo propusiera. ¿No es eso el fin del rock, como decía el artista callejero? No hay riesgo sino pose, pura pose.

Todo cierra en la vida. Músicos como los Mountain Goats demuestran que las cosas pueden hacerse de otro modo. E Internet, la fabulosa red, es la cosa más extraordinaria que le ha pasado al mundo en muchísimo tiempo. Decía que todo cierra porque releyendo este posteo noté que hacía mucho que no entraba a Lunes Felices. Allí descubrí una frase que el redactor proponía: Hasta la contingencia siempre! Y me vino de perlas. La contingencia es la posibilidad de que algo suceda o no. Es terrible saber, viendo un clip en silencio, qué clase de música hace la banda en cuestión. Es terrible saber que Yellow cerrará el recital. Es terrible pronosticar el momento en el que entrará el solo de guitarra. La contingencia es la posibilidad de que todo pueda sonar mal, que el tipo esté sufriendo, que se le caiga la guitarra, que se le desacomode un puto pelo de su hermosa melena. Sólo arte, por fin.

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Monday, July 09, 2007

Oda a Los Planetas

Descubrí a Los Planetas, como tantas otras bandas, leyendo un posteo del blog Lunes Felices, en el que el narrador comentaba que había realizado una actividad determinada (ahora no la recuerdo) mientras escuchaba en su mp3 una canción de la banda. El nombre de inmediato me llamó la atención, quizás porque supuse que se trataría de una banda en castellano y eso es algo muy poco común para personas como este pibe y yo. Procedí a googlearlos y me enteré de algunos datos menores: son de España, la mayor parte de su carrera transcurre en los 90, ganaron un concurso de bandas con un tema llamado Desorden que narra el suicidio de Ian Curtis, el indie está fuerte en ellos, etc. Entré al e-Mule y decidí descargar azarosamente Contra La Ley de la Gravedad (2004), que en ese momento era su último disco, detalle que ignoraba por completo.

Lo primero que me llamó la atención es, claro, la manera en la que estaba mezclada la voz. Casi inaudible, a un volumen mínimo, destacándose apenas entre las guitarras, una suerte de susurro arrogante. No entendía nada de lo que decían, pero de inmediato me encontré tarareando devuélveme la pasta de regreso a mi casa, por calle 46. Esa fue la primera canción que me impactó. Bajé la letra y hasta hoy siento que es perfecta. Una situación banal que trasciende hasta lo metafísico, hasta suponer que la pasta es el alma de este pobre tipo que se siente horriblemente solo. Hay frases mortales:

Por las mañanas pongo siempre el mismo disco
y, aunque todo lo que dice es la verdad,
lo primero en lo que pienso cada vez que me despierto
es cómo no me había dado cuenta ya.

Me vi a mi mismo escuchando Crooked Rain o Bee Thousand, comprendiéndolo todo por primera vez. Una base mántrica y la voz de J perdiéndose en ella, estirando el cuello para cantar. Kant decía que lo bello encanta y que lo sublime conmueve. Yo estaba conmovido. Además, el tema era punk, y eso era revelador. ¡Por fin una banda punk en castellano que está realmente buena! Porque, sobre todo en Argentina, los músicos parecen haber subestimado e ignorado a bandas trascendentes como Wire o The Modern Lovers. Las pocas grandes canciones de García o Spinetta son más bien beatlescas, en la línea británica instalada por los 4 de Liverpool. Después del 75 la música se detiene para estos tipos, visión estúpida que lamentablemente comparten muchos músicos y críticos de estos lares. Sólo Luca había logrado meter a garrotazos la obra de músicos como Lou Reed o Nick Drake, pero su legado se transformó en una escena decadente de chabones adictos al rock and roll y películas con guiones de Polimeni. Los Planetas eran punk, o tenían raíces punk, llevándolas a un nuevo lugar, claro, el propio.

Después, Canción del Fin Del Mundo, una bomba apocalíptica inyectada con un sentido del humor ácido, corrosivo.

Voy a ser el presidente
De los estados de ánimo
Vamos a manipular los resultados
Voy a hacer una película
Con banqueros y abogados
Esto sólo puede ser el decorado


Las letras eran de otro planeta. Literalmente sentía que el tipo estaba hablando de mí, es decir, nunca concebí que una banda se dirigiera de manera tan directa a la clase de persona que soy. Jamás había escuchado un grupo en español que tuviera un nivel lírico tan alto. Todos mis amigos comenzaron a emocionarse con el grupo y ese disco se volvió un imprescindible, un clásico grupal en la línea The Stone Roses – Unknown Pleasures y las mencionadas joyas de Pavement y Guided By Voces. Contra la Ley de la Gravedad tiene otras perlas que fui descubriendo con el tiempo, de a poco, porque es la clase de disco que, cuando uno está a punto de abandonarlo, nos sorprende con un nuevo tema que nos engancha por enésima vez. Golpe de Gracia tiene mucho clima y ésta frase:

No tengo nada que ofrecerte
Ataca sin piedad
Ven con todos tus amigos


Transmite una vulnerabilidad digna, estoica, opuesta a la clase de canciones que hace Keane, por citar el peor ejemplo posible. Una fragilidad de hombre, viril, exenta de llorisqueos. Es muy difícil lograr eso. Luego está la experimentación sonora en la línea High Llamas de Cumplimentando Deberes Contraculturales, otra nena que demuestra el buen gusto que tienen para producir canciones. Después me enganche con la genial Sale el Sol, cuya letra es también memorable, además de tener una melodía hermosa.

La sombra desde la montaña
inunda el campo de gris y de azul.
Un cuarto menguante de luna
resiste en el cielo la llegada de la luz.

Sale el sol
Y nosotros aquí dando vueltas


En fin, podría seguir así con todas las canciones. El punto es que procedimos a bajar toda su discografía, además de buscar algunos vídeos en You Tube. Fui descubriendo la banda más allá de lo musical y me cayeron todavía mejor. Primero porque es la clase de grupo que uno debe descubrir, que no se impone en canales de televisión o en radios FM junto a temas de Paulina Rubio. No, a estos pibes hay que descubrirlos, y usando una sentencia aplicada a Johnny Richman, el mundo se divide entre los fans de Los Planetas y los que todavía no los escucharon. En sus vídeos casi no aparecen, apenas se distinguen sus rostros, y la ropa que usan pareciera ser la misma con la que van a la verdulería, remeras viejas y jeans, chombas de feria y zapatillas de lona de segunda mano.

Escuché el primer disco. Es muy bueno, aún cuando algunas letras son todavía un poco adolescentes. De todos modos, uno siente que está ante un disco generacional, que si quiere conocer cómo vivían o qué pensaban los jóvenes españoles de esa época no tiene más que poner Super 8 (1994) y dejarse llevar. La merca, la anomia, la diversión triste, todo está sintetizado ahí. El último tema se llama La Caja del Diablo, un himno deforme de 9 minutos en plan Yo La Tengo, con una batería enferma y la voz perdida totalmente entre las guitarras. La letra es genial. Es el pedido de socorro de un adicto a la cocaína, un grito desesperado.

De pronto siento que algo me está robando el alma,
con esfuerzo consigo separar sus labios de los míos,
logro separarme escupiendo sangre,
el roce de su piel quema mi carne.

Una cosa llamativa del grupo es que no sacan discos increíbles, todos en algún momento o por algún motivo fallan. Hay algo en los discos clásicos, una trascendencia que adquieren las canciones cuando se las escucha como un conjunto, una globalidad que es mucho mejor que cada parte por separado. Los Planetas no tienen eso, pero por disco entregan 3 o 4 canciones que podríamos calificar como clásicas. Incluso Contra La Ley... no es enteramente bueno, pero tiene esas canciones que ya nombré que de todos modos lo vuelven increíble. Super 8 está en esa misma línea, pero claro, tiene momentos terribles. La letra de la canción 10000 es genial.

El humo de su cigarro se expande por el cuarto hasta desaparecer
y cuando ha terminado se mueve muy despacio hacia la pared,
no tiene mucho que aprender, esta no es la primera vez.
Me dice : "ven, ¿quieres hacerlo con mi amiga?,
no esta nada mal,
vamos a hacerlo con mi amiga tiene quince años ya.
si te interesa lo puedes intentar, lo puedes intentar."

No tengo idea de lo que está hablando, pero lo hace muy bien y el clima de la canción acompaña aún mejor. Desorden es, como dije, un relato del suicidio de Ian Curtis en primera persona, cual Norman Mailer poniéndose en la piel del carpintero de Galilea.

Hay un cuerpo girando en la cocina,
al final de una cuerda atada a una viga.
Toda la tarde viendo películas.
Hoy es dieciocho y ella se ha ido
hace demasiado tiempo, ahora ya no esta conmigo,
demasiado tiempo metido en este sitio.

Recordemos que Ian se mató un 18 de junio, que lo hizo viendo una película de Herzog, que se ahorcó y que su cuerpo terminó colgando del living de su propia casa. Desorden es una de esas cancioncitas de Los Planetas, zumbonas y aparentemente simples, entre las que se pueden contar David y Claudia, Anuncio Para Coches, Nunca me entero de Nada o La Guerra de las Galaxias. La clase de canción que en un principio parece de relleno y que luego no se puede dejar de escuchar.

Luego me colgué con otros grupos y ocasionalmente ponía alguno de sus discos. Descubrí en toda su inmensidad a The Fall y estuve viviendo unas semanas extrañas. Pero una tarde que recuerdo como fría, cubierta de una tonalidad gris y espesa, puse Un Buen Día. Ya había escuchado el tema, pero los astros se alinearon aquella tarde y la genialidad de la letra y de la melodía entraran en mí con toda la fuerza que tienen. Me voló la cabeza. Un Buen Día también es de esos temas que parecen simples pero que encierran una cantidad de emociones tan grande que cuando se quiebra su hermetismo parece estallarnos en la cara.

Me he despertado casi a las 10
Y me he quedado en la cama más de tres cuartos de hora
Y ha merecido la pena

Ha entrado en sol por la ventana
Y han brillado en el aire algunas motas de polvo
He salido a la ventana
Hacía una estupenda mañana

He bajado al bar para desayunar
Y he leído en el Marca que se ha lesionado el Niñato
Y no me he acordado de ti hasta pasado un buen rato

Luego han venido estos por aquí
Y nos hemos bajado a tomarnos una cañas
Y me he reído con ellos

He estado durmiendo hasta las 6
Y después he leído unos tebeos de Spiderman
Que casi no recordaba
Y he salido de la cama

He puesto la tele y había un partido
Y Mendieta ha marcado un gol realmente increíble
Y me he puesto triste un momento justo antes de irme

Había quedado de nuevo a las 10
Y he bajado en la moto hacia los bares de siempre
Donde quedaba contigo
Y no hacía nada de frío

He estado con Erik hasta las seis
y nos hemos metido cuatro millones de rayas,
y ya no he podido dormir como siempre me pasa


La letra es sublime. El buen día del narrador es en realidad un día de mierda, quizás porque falta ella. El relato de la rutina del personaje se ve interrumpida por comentarios que parecen menores pero que constituyen la esencia de lo que pasa en la canción. Y no me he acordado de ti hasta pasado un buen rato. Claro, luego está la referencia al fútbol, con la lectura del Marca y el gol de Mendieta, el anclaje generacional que implica la imagen de un tipo adulto leyendo un comic de spíderman con acento en la í, y la noche de merca junto a Erik, nombre del baterista del grupo.

Hay algo en la canción, una capacidad asombrosa para explicar con dos o tres detalles toda una manera de pararse ante el mundo, una visión global de aquello que nos rodea, visión que me gusta definir como la alegre resignación ante el absurdo. El narrador hubiera dejado de hacer todo lo que hizo si pudiera estar con ella, pero ella no está.

La condición necesaria de ella es la ausencia. Ella no puede estar y probablemente nunca esté, porque su mejor característica es la de estar omitida. Representa en algún punto la búsqueda de sentido, la pregunta de Beckett en Esperando a Godot o de Kafka en El Proceso, la depositaria de las preguntas que suscita esa vida monótona y rutinaria en la que cuesta encontrar una razón trascendente, algo mayor que lo justifique todo. Esperarla (siguiendo la línea Beckett) o buscarla o extrañarla es una necesidad, una forma de seguir haciéndose la gran pregunta. Ella no va a aparecer porque no es una mujer de carne y hueso, es la solución mágica, la figura femenina de Dante (Beatrice) tomándonos de la mano hasta el cielo. Cierta misoginia se oculta detrás de estos comentarios, pero creo que definen aquello que vuelve monumental al tema en cuestión.

Durante aquellos días iba dando zancadas a los departamentos que recorro y encontraba a mis amigos escuchando en repeat la canción. Martín confesó haberla puesto unas 25 veces el mismo día. Lucho, que vive en Capital, aburrió a todas sus novias con el tema y la explicación que venía a continuación. Le mostré la canción a una amiga y me dijo que era horrible, lo que no hace más que confirmar su genialidad. Es un tema masculino, sin dudas.

Quiero señalar la diferencia entre la línea de Dárgelos, vamos a fumar un porro ahí, y la alusión a las drogas de J (ah, así se llama el cantante), que dice he estado con Erik hasta las seis y nos hemos metido cuatro millones de rayas, y ya no he podido dormir como siempre me pasa. Los invito a discernir quién es el tribunero - agitador de colegialas de Palermo – compositor de jingles publicitarios – trasgresor de Fm Hit y Mtv - y quién el que da una visión digna y descarnada de una noche de drogas, sin hacer demagogia ni tampoco reprobándolas desde una idea de moral, sino narrando con el corazón de los honestos. Es una tarea complicada.

Después entre en una etapa Luna, sobre todo porque no podía dejar de escuchar el disco Bewitched. Espero poder escribir pronto algo digno sobre ellos. Recorriendo blogs entré a Contra las Cuerdas y vi que la flaca que escribe allí detallaba una lista de canciones de Los Planetas que no podía dejar de escuchar. Conocía todos los temas a excepción de Corrientes Circulares en el Tiempo, así que lo busqué en mi computadora y lo puse. Los hijos de puta lo lograron de nuevo. Es un tema sublime, una baladita etérea con guitarras colgadas y cierta capacidad de vuelo rasante que le resta conexión a tierra.

Me quedé dormido un momento y los valles se cambiaron por desiertos
por obra y gracia de El que controla el firmamento,
El que decide que ande perdido en corrientes circulares en el tiempo,
El que transforma los diamantes en quejidos y lamentos,
El que se encarga de que salgas y que yo me quede dentro.

Obviamente, experimenté una nueva emoción con el grupo. Y descubrí, en el fragor de la alegría, una nueva canción genial, llamada Nosotros Somos Los Terroristas. Los pibes pusieron este tema como lado B del single Corrientes Circulares... pero en el disco Encuentros con Entidades (2000) modificaron la canción y la editaron bajo el nombre Nosotros Somos los Zíngaros. Esta versión modificada es muy mala y no se acerca a la original. Por suerte pude bajar el single perdido de la red. Es una canción festiva, deforme y machacante, con unos sintetizadores sin sentido sonando por debajo de la marea de guitarras. La letra, nuevamente, es muy buena.

Cuando era joven nos llamaban los halcones
y teníamos acciones en empresas destinadas a triunfar.
(...)
Un carcelero me mantiene en este tiempo,
atesoro los recuerdosde mi añorado paraíso fiscal.

Un grupo de yuppies metafísicos añorando mejores tiempos empresariales, lo cual no deja de conformar una crítica y una burla a ese tipo de personas.

Otra cosa genial del grupo es su capacidad para ponerle nombres a las canciones. Voy a enumerar algunas que no he detallado en este breve posteo pero que son geniales de todos modos.

Una nueva prensa musical, La guerra de las galaxias, Anuncio para coches, La cara de Niki Lauda (este es muy bueno!), Canción para ligar, Vas a verme por la tele, Yo maté al A&R de Sony, El lado oscuro de la fuerza, Experimentos con gaseosa, Vuelve el rock mesiánico, Nunca me entero de nada.

En estos momentos estoy emocionado con otras dos nuevas canciones, Segundo Premio y Línea 1, ambas en el disco Una Semana en el Motor de un Autobús (1998). La primera es una guitarreada agresiva bien al frente con melodía arrogante, la segunda es casi su opuesto, otra canción introspectiva sobre drogas con letra maravillosa.

Iba a hacerlo esta mañana,
levantarme de la cama,
comprar algo de comida,
empezar con otra vida.
Pensé que sería lo mejor.
Toda esta mierda se acabó.
Voy a dejarlo de verdad,
ya no me gusta nada.
Y ordenar por fin la casa,
y lavar estas dos mantas,
y recuperar mis discos,
y unas cosas que he perdido,
y después pensé:"Mejor que no".
Y puse la televisión,
subí a pillar un poco más,
después de todo, esto no está mal

Los Planetas tienen temas horribles y otros de ¡36 minutos! de puro ruido. Algunas canciones transforman a Calamaro en un segundón con suerte mientras que otras no son más que basura punk clásica. Algunas baladas adultas con teclados pueden gustarle a mi papá y representar la némesis del estereotipado imbécil del indie. La banda es humana, no se planeta como un conjunto de semi dioses lindos y bien vestidos sino como un grupo de amigos que sigue viviendo en el mismo lugar del que salieron hace 20 años. Son adictos a la cocaína que pierden la batalla pero se mantienen de pie, haciendo canciones increíbles en el camino.

Esta ha sido una oda a Los Planetas, la mejor banda de rock en español de todos los tiempos. Hasta su próxima canción.


Nota posterior

Terminé de escribir este posteo y me tomé un tiempo para corregirlo y colgarlo de la red. En ese lapso, un nuevo y trascendente tema de Los Planetas me atrapó, lo juro. En este caso, Paseo por el Parque, última canción del disco Encuentro con Entidades (2000). Un viaje instrumental con sonidos incidentales y una melodía silbada que queda genial. Música para volar, diría Gustavo, que al parecer va a llenar ¡5! estadios de River. Charly Alberti va a volver a Palermo con toda esa plata. Pregunta lógica: ¿de dónde salieron tantos fans de Soda? Tendría que hacer un posteo con esto.

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Thursday, October 12, 2006

The Fool On The Hill


Fito Páez ha editado un nuevo disco, El Mundo Cabe En Una Canción. A diferencia de la escasa repercusión mediática y general de Rey Sol, Abre o Naturaleza Sangre (discos que dudo que alguien siquiera haya escuchado), este nuevo trabajo ha centrado la atención en su persona como no sucedía en mucho tiempo. Viendo el vídeo de su primer corte de difusión, ese en el que camina por las calles de Rosario, le tiré esta frase a mi hermano: “más consejos que un tema de Fito”. El chiste me llevó a escribir este posteo, en el que trataré de analizar algunos aspectos de la vida profesional y artística del ex de Fabi Cantilo.

Fito carece por completo de eso que nos gusta llamar cinismo. Eso explica, quizás, su naturaleza consejera como letrista, o esa asunción de la pose discepoleana para construir las líricas. No tiene ningún empacho en cantar a los cuatro vientos que “lo importantes es el amor” o que “hay que salir al sol”, frases optimistas que se distancian de, por ejemplo, u2, ya que poseen una sinceridad empática: uno llega a envidiar la ingenuidad consciente de Fito y su capacidad para, a pesar de todo, seguir viendo las cosas como posibles. Si lo de u2 es un negocio coelhiano, lo de Fito suena más a un optimismo honesto, a una capacidad envidiable para ver la luz al final de todo túnel. Nada más claro que una línea de su último disco: “confía, eso también te hace feliz”.¿Se puede acusar a alguien de ser excesivamente optimista? No, es ridículo, pero si el ziegtest de la época es la ironía o el mencionado cinismo, una artista de estas características está, por lo menos, manejando a contramano por las calles de su época, o como diría Richard Hawley, wading through the waters of my time. En el nacimiento de Estados Unidos, la felicidad de Walth Withman era lógica; hoy en nuestro país, la de Fito es difícil de explicar. Esto me lleva al siguiente punto.

No podría decir que es equivocada, pero sí que la visión de la realidad de Fito es completamente anacrónica. Sólo saber que la tapa de su último compilado es una foto de Susana Gimenéz bajo la cual se lee “Moda Y Pueblo” nos da un indicio sobre esto. Fito no entiende que el ahora llamado Pan y Circo es un juego en el que el pueblo participa conscientemente. A esto hemos llegado amigos, el pueblo no se deja engañar por el dueño del circo, al contrario, lo usa con fines propios. ¿Esto está bien? No, es pésimo, pero Páez parece desconocer esta realidad por completo y analiza las cosas como si fuera un opositor del primer gobierno de Juan Domingo Perón. Fito aún cree que los periodistas de Intrusos son “vampiros”; no es que esta opinión sea falsa (de hecho, lo son), el problema es que Fito pone las cosas en dos bandos y no llega a entender que la gente participa de ese juego y alienta el vampirismo, principalmente porque es divertido. En lugar de responder dos o tres cosas e irse del lugar sabiéndose mejor, Fito se prende en un debate con un notero imbécil y queda como un boludo: se vuelve parte del circo que aborrece, quizás por un excesivo idealismo que se vuelve contraproducente.

Por otro lado, mientras la industria cinematográfica esta inmersa en el realismo soporífero del Nuevo Cine Nacional, Fito edita una película como Vidas Privadas, barroca y bergsoniana, totalmente fuera de época y desenfocada en todo aspecto. La crítica devastó la obra, pero hay que hacer un apartado en este sentido: esa misma crítica ensalza películas espantosas que nadie ve y que reciben subsidios estatales, sólo para que el director y dos o tres productores vayan a Cannes y consigan financiar nuevos proyectos; esa misma crítica elogia filmes que se hacen buscando intencionadamente el público extranjero, apuntando el mercado europeo, aún cuando al inicio vemos el logo del INCAA. Vidas Privadas no es peor que alguno de esos filmes, pero pegarle a Fito (al desorientado Fito) es más fácil que hacer lo mismo con Burman o Martel.

Fito se lanza a la aventura de filmar con la misma ingenuidad con la que escribe sus letras, esperando lo mejor, caminando por una tormenta con la misma cara con la que caminaría por un parque primaveral. Esto se explica en parte sabiendo que Fito se considera a sí mismo un gran artista. No lo sé, pero supongo que debe sentirse un incomprendido que logrará reconocimiento con el tiempo, a la manera de Piazzolla. Fito hace covers de grandes artistas tradicionales y se junta con Mercedes Sosa, Charly y Spinetta sabiendo que él forma parte de ese panteón de músicos sagrados del endeble Olimpo argentino. ¿Cómo envejecerá la figura de Fito? Yo creo que de la misma manera en que envejecerá la obra de las otras luminarias rockeras clásicas (Charly-Spinetta): se suprimirán los arrebatos de ego, la terquedad, la ceguera voluntaria o involuntaria, y quedarán las grandes canciones. Porque esto es una realidad, Fito es el autor de joyas indelebles como Tumbas de la Gloria, Fue Amor, Cadáver Exquisito, Ciudad de Pobres Corazones, etc.

Otro punto a agregar sobre esta línea, la autoconsideración de Páez como genio, es que todos sus temas luego de El Amor... son autoreferenciales y suenan excesivamente a Fito. Es decir, Páez es la principal influencia de Páez. No puede comprender que quizás Pavement o Yo La Tengo sean bandas buenas, no lo puede entender porque no está en su naturaleza. Fito se considera un autor, y es por esta razón que ha perdido el rock, la actitud filosa del rock, esa que tuvo durante los 80´. Porque el rock se trata sobre no tomarse muy en serio las cosas, los compositores son sólo tipos que agarran tres acordes y arman un temita, aunque ese temita luego cambie el mundo. Fito supone que sus canciones son gemas del más refinado pop Beatle, supone que las armonías y las escalas que manejas son increíbles, y pierde de vista lo esencial: la expresión de emociones.

Por otro lado, es innegable que Fito es un artista relacionado con el menemismo, no porque hay apoyado al gobierno del riojano sino porque representó desde su lugar la idea de país que algunos imaginaban durante los 90´. Paez vendió ¡600.000 copias! con El Amor Después del Amor, durante aquella época en la que todos podíamos comprarnos discos originales. Se casó con una chica Almodóvar, abrió su propio estudio de grabación con la última tecnología, se volvió excesivamente barroco y terminó en el ostracismo, recluyéndose, como el Quijote luchando contra los molinos de viento. Su éxito y su debacle fueron paralelos a la cronología del menemismo, sus canciones sintonizaron de manera perfecta con el sentir nacional de entonces y fueron (casi) una banda de sonida para la compra indiscriminada de lavavajillas y microondas. Cuando el revisionismo histórico condenó esa etapa de nuestra historia, la figura de Fito se fue desdibujando de a poco.

Cabe destacar que Fito forma parte del grupo de “grossos de los 80” que están encontrando en la actualidad grandes problemas para retomar la buena senda. Más allá del éxito comercial, tanto el Indio Solari como Andrés Calamaro, Gustavo Cerati y el propio Fito parecen perdidos en esta época, navegando con mejor o peor suerte, contando billetes pero perdiendo eso que en algún momento los volvió importantes. Durante una época, Solari era el mejor analizando las problemáticas de nuestra sociedad, hoy canta un tema tan ridículo como “Nike es La Cultura”, que atrasa 10 años, o le dice “la internet” a Internet, tal como lo hace mi viejo. Calamaro vende discos y llena estadios pero su música se ha pasteurizado por completo y su impronta Dylan fue trocada por la triste impronta Vicentico. Cerati es una botella vacía, no hay nada dentro, sólo envase, en un momento su frivolidad era ideal para simbolizar nuestro país, hoy es un chiste de mal gusto. De todos modos, esto mismo le paso a genios como Bowie, Lou Reed o el propio Dylan. Quizás en algún momento encuentren el camino y se acoplen a estos tiempos alejándose de ellos, buscando las respuestas dentro y no fuera.

Por último, voy a cerrar este posteo con la letra una canción de Paul, The Fool On The Hill. De última, Fito me parece un tipo simpático, apasionado con sus cosas aún cuando éstas sean horribles, y compositor de temas que estuvieron en mi vida desde que nací. La letra de Fool... es genial porque, llamando tonto al tipo de la colina, Paul no hace más que hacernos sentir tontos a nosotros por no ver lo que él ve. Creo que grafica de manera genial todo lo que acabo de escribir.
Day after day,Alone on the hill,The man with the foolish grin is keeping perfectly still,But nobody wants to know him,They can see that he's just a fool, And he never gives an answer,But the fool on the hillSees the sun going down,And the eyes in his head,See the world spinning 'round.Well on his way head in a cloud,The man of a thousand voices is talking perfectly loudBut nobody ever hears him,Or the sound he appears to make,And he never seems to notice,But the fool on the hillSees the sun going down,And the eyes in his head,See the world spinning 'round.And nobody seems to like himThey can tell what he wants to do.And he never shows his feelings,But the fool on the hillSees the sun going down,And the eyes in his head,See the world spinning 'round.woah ooh, Round and round and round.He never listens to them, He knows that they're the foolThey don't like him,The fool on the hillSees the sun going down,And the eyes in his head,See the world spinning 'round.

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Wednesday, August 30, 2006

Un repaso por la discografía de: Richard Ashcroft


Introducción

Una pálida rubia, envuelta en un vestido blanco inmaculado, flota bajo el agua, asustada. El mar parece turbio, la luz del sol no llega a iluminar las profundidades y la chica mueve los brazos de un lado a otro tratando de sostenerse en el oscuro lugar. Partículas de tierra viajan de un lado a otro, aumentando la hostilidad que de por sí transmite la situación. Los Chemical Brothers arman una introducción de cuerdas profanadas por la electricidad, el panorama se vuelve entre épico y tenebroso, la chica sigue allí y aún no vislumbramos la razón, sus cabellos no dejan de moverse por la acción de la marea. Empezamos a escuchar algo, una voz, una voz supraterrenal, una fuerza imparable, una arenga grave que sacude los cimientos de cualquier lugar, y entonces aparece detrás de la chica, desde las sombras del mar, una enorme ballena, una ballena gigantesca que le da nuevas proporciones a la situación: la rubia no es más grande que el ojo del animal, y fue esa voz lo que invocó al monstruo, sólo una voz así puede movilizar a un gigante de esa naturaleza. La imagen es impactante: la chica está allí, flotando en soledad con su vestido blanco, y la boca monumental del animal la acecha detrás, a punto de tragarla.

El vídeo de The Test de los Chemical Brothers es muy bueno. Y la voz de Richard Ashcroft es la que aparece desde las tinieblas. La sensación está muy bien representada. Ashcroft tiene una de las mejores voces que he escuchado; en el último Live 8, Chris Martin lo presentó como “el mejor cantante de todos los tiempos”. Es una de esas voces que, sencillamente, llena la habitación y sostiene las paredes del lugar mientras resuena. Podría comparar su forma de cantar con la de Ian McCullogh, pero no sería del todo adecuado, la voz del líder de Echo and the Bunnymen es más introspectiva, la de Ashcroft está destinada a los estadios.

Con estos pergaminos, vamos a hacer un repaso por la carrera de Richard, desde sus comienzos como pelilargo noventoso en Verve hasta sus días como millonario místico que accede a participar en el Live 8. 3 discos con su ex grupo y otros 3 como solista completan la cosecha de uno de los mejores cantantes nasales de la historia, si es que a alguien se le ocurre elaborar alguna vez un ranking tan estúpido.

A Storm In Heaven – The Verve (1994) Calificación: *****

No es sorprendente que lo mejor que haya editado Aschroft en toda su carrera sea su primer disco. Es algo que pasa con muchos artistas. Recordemos la frase famosa: “uno está toda la vida para grabar el primer disco, y dos años para grabar el segundo”. A Storm In Heaven es fenomenal: climático, melódico, casi mántrico, guitarras que generan mareas de sonido sobre las que la voz de Richard va volando con desidia. Es interesante notar que, en la mezcla, la batería ha sido seteada a un volumen relativamente bajo, lo que le quita a las canciones conexión a tierra y refuerza esa sensación etérea que uno percibe cuando escucha las canciones. El trabajo del guitarrista Nick McCabe es muy bueno, casi impresionista, buscando armar situaciones o generando ambientes, y las estructuras de los temas muchas veces prescinden del clásico estrofa-estribillo, diría que van buscando su lugar sobre la marcha, que avanzan regidas por la inercia que generan los mismos instrumentos. Los saxos que aparecen sobre el final del tema Butterfly son un punto altísimo en un disco lleno de grandes momentos, la canción See You In The Next One, que cierra el trabajo, tiene todos los elementos que luego encontraremos en las clásicas baladas-Ashcroft, pero está interpretada con impecable buen gusto: un piano suena debajo de una piscina y la voz filtrada de Richard genera un aire de enrarecimiento que aporta mucho clima. Recordemos dos cosas importantes: en esta época, Richard era adicto a casi cualquier droga que le presentaran, sobre todo cocaína, y, por otro lado, la banda firmaba todos los temas en colaboración, se compartían las composiciones.

A Northern Soul – The Verve (1995) Calificación: *****

The Verve llevó las ambiciones de A Storm In Heaven un paso más allá, se volvieron locos con la posibilidad de hacer canciones de psicodelia guitarrera y prepararon un disco que pareciera no terminar jamás. Las canciones duran no menos de 5 minutos, y el cuelgue se hace por momentos muy pronunciado. Pero esto no quiere decir que el disco sea malo, por el contrario, es excelente, otra obra maestra en la que se comienza a evidenciar el gusto de Richard por las canciones, con algunas gemas como History (con intro de violines que preludia la sinfonía agridulce) y On Your Own, un manifiesto existencialista en guitarra acústica que, según palabras de su compositor, “fue el primer tema que hice en mi vida yo solo”. Pero On You Own es una excepción, en temas como So It Goes, Brainstorm Interlude o (Reprise) la banda te lleva por ambientes llenos de acoples y bajos profundos a escasas revoluciones por minuto, como en cámara lenta. A New Decade es un comienzo arrollador, arranca una intro colgada en fundido y luego un riff de McCabe te vuela la peluca. Richard comienza a preocuparse un poco más por las letras. En On You Own esto es evidente, pero también, a lo largo del disco, podemos encontrar frases como éstas: “I was buying some feelings from abandoned machines”, “I stand accused just like you for being born withouth a silver spoon”. En fin, The Verve superó con creces la prueba del segundo disco y se abrió un nuevo panorama para avanzar en su próximo trabajo. El disco, como es obvio, vendió como el orto. Mientras tanto, unos hermanitos de Manchester posaban los ojos del mundo sobre la música inglesa y facturaban millones. Ese movimiento, que incluía a Pulp y Blur, se llamaba Brit Pop. The Verve se estaba quedando afuera de la fiesta, aún cuando Noel Gallagher le dedicaba canciones (Cast No Shadow) y lo elogiaba repetidamente en público.



Urban Hymns – The Verve (1997) Calificación: ****

Tuvieron que pasar dos años para que The Verve vuelva a editar un disco. En el medio pasaron algunas cosas: Richard dejó definitivamente la merca, le encontró el gusto a las canciones y se convirtió en “compositor”; el Brit Pop se convirtió en una forma de sonido bastante reconocible y, porque no, predecible, del que la banda decidió alimentarse para ganar algunos mangos. Urban Hymns fue la gloria y fue el fin, fue la consagración y la muerte, el éxito comercial que llegó y separó al grupo. De entrada, las composiciones ya no son compartidas, Richard firma casi todos los títulos: Drugs Dont Work (en la que explica al mundo el fin de su adicción), Lucky Man, Sonnet, One Day, Velvet Morning, etc. El pibe se convirtió en un baladista profesional. Aún así, el disco es bueno, es difícil resistirse al encanto de sus canciones, son inmediatas y universales, llenas de inspiración y optimismo. La psicodelia queda relegada a sólo 2 títulos: Come On y The Rolling People, casualmente los únicos que firma la banda en colaboración. El grosso de McCabe aporta una sola canción, que por cierto es uno de los mejores momentos del disco, Neon Wilderness, un tema colgadísimo casi sin melodía, que podría haber entrado tranquilamente en A Storm In Heaven. Las letras de Richard comienzan a acercarse peligrosamente a la autoayuda en plan Bono, faceta que lamentablemente exacerbaría en su etapa solista. Si he marcado la redondez y perfección de algunos temas (Lucky Man y One Day son mis preferidos), no es posible olvidar ese fabuloso himno inmortal, Bittersweet Symphony, del que ya hablamos en el posteo sobre los 90. Quiero detenerme a relatar una anécdota. La canción incluye un riff de violines que ha sido extraído de una canción de los Stones. El mercenario impresentable de Jagger y su amigo vampiro Richards presentaron una demanda y en la actualidad cobran todas las regalías de la canción. Hay que ser hijo de puta... ¿cuánta plata quiere esta gente? El bueno de Richard compuso una canción brillante, que no tiene nada que ver con el tema original, y estos Mr. Burns del rock se adjudican (abogados mediante) todo el dinero que tendría que ir al ya abultado bolsillo de Ashcroft. La ambición de estos tipos no tiene límites. En fin, volviendo a The Verve, el final del vídeo de Bittersweet es gráfico con respecto a la realidad del grupo: recién sobre el final del tema entran caminando los demás integrantes de la banda, y la primer pregunta que le surge al televidente es: “¿quiénes son estos 4 extraños?”. Fue el fin, que se formalizaría unos meses después. Richard emprende un camino como solista y deja una de las mejores bandas de los 90, sin dudas, con 3 discos que uno no debería dejar de escuchar jamás.

Alone With Everybody – Richard Ashcroft (2000) Calificación: ** y 1/2

El tipo está jugando al juego de las grandes canciones, y de esa manera debemos juzgarlo. No hay razón para pedirle psicodelia, si sencillamente ya no le interesa hacerla. Hace canciones, y debemos valorar su música desde ese lugar, desde su capacidad para hacer temas que lleguen o que generen emociones en el oyente. Su primer disco solista abre con una hermosa canción, A Song For The Lovers, una balada mid-tempo de cuerdas y arreglos preciosistas con coda incluida, repleta de melodías que se van entrelazando de a poco. Ya, en esta canción, encontramos todos los trucos y recursos que Ashcroft pondrá en juego a lo largo de su carrera. En Alone With Everybody ha dejado de lado las guitarras, las cuerdas son las protagonistas, apenas si escuchamos una electroacústica rasgueando de fondo, olvídense de alguna eléctrica. Mi canción preferida es Crazy World, que también termina en una coda con melodías que se van entrelazando de a poco y también está plagada de arreglos preciosistas. Comienza a intuirse una idea de fórmula, de conjunto de clichés. Aún así, la voz de Richard vuelve decentes canciones que en otros intérpretes se derrumbarían. Ashcroft se calzó el disfraz de crooner cool moderno, que por momentos es muy pesado.

Human Conditions – Richard Ashcroft (2002) Calificación: ***

El mejor de los trabajos solistas de Ashcroft, justamente porque sus canciones son las más inspiradas de su carrera post-Verve. Hay algunos temas que llenan de luz la habitación: Man On A Misión, Science Of Silence, Nature Is The Law, todas son perlas de un gran compositor que se vio inspirado, quizás, por la presencia de Michael Wilson y su arena californiana en el estudio de grabación. El gordo glorioso mete voces en el mencionado Nature Is The Law y cierra el disco bien arriba. Si en Alone With Everybody predominaban las cuerdas, aquí el control lo tienen las teclas de órganos, teclados y pianos que adornan con buen gusto muchas de las canciones. Presencias estelares: Kate Ridley, tecladista de Spiritualized y esposa del propio Richard y Chuck Leavell, colaborador de larga data de los Rolling Stones. La producción hi-fi está presente en todo momento en un disco con pocos puntos flojos, entre ellos el intento rockero brit-pop de Bright Lights y alguna letra demasiado dulzona. Pero, otra vez, se trata de un trabajo redondo, con baladas climáticas como Running Away y Paradise que se tornan ideales para musicalizar domingos melancólicos

Keys To The World – Richard Ashcroft (2006) Calificación: **

Sin dudas, lo peor que haya editado en su carrera, aún cuando es mejor que, digamos, cualquier cosa que Snow Patrol pueda llegar a sacar en un día inspirado. Las letras son excesivamente empalagosas, Words Just Get In The Way es la respuesta inmediata a Fix You de Coldplay, llevando la autoayuda aún más lejos. Las composiciones son aburridas y predecibles, quizás los primeros 30 segundos de cada canción sean interesantes, luego reluce el arsenal de trucos y todo se vuelve soporífero. Cry Till The Morning es, ya desde el título, una de las peores canciones que Ashcroft haya escrito. Algunas baladas parecen estar hechas para musicalizar escenas de amor de alguna película de Disney, Why Do Lovers? quedaría muy bien en la secuencia del Rey León en la que Nala y Zimba se aparean. World Keeps Turning es definitivamente AOR, me hace acordar a un tema de Brian Adams (ni siquiera Ryan). El inicio, con el pobrísimo Why Not Nothing?, es por lo menos ramplón. Escuchar el disco entero es casi una tarea imposible, todo el tiempo llega una y otra vez ese clima de “juntos lo haremos posible” a-lo-Lerner, y la cuestión se termina tornando irritante. Lo que más perturba es que todo sea pose, una pose asumida por el propio Ashcroft, en la que él es el músico que viene a tirar sus temazos al mundo en el medio del caos reinante. Se lo ve excesivamente distanciado y cómodo con su situación, un millonario cool que cree que las cosas se solucionan con el poder del amor o algo así. De todos modos, algunos momentos son dignos. Break The Night With Color tiene algo de la magia de antaño, Keys To The World empieza con unos coros femeninos que le aportan mucho a la canción, Sweet Brother Malcolm sería muy buena si durara 1 minuto, pero se prolonga hasta arañar los 5. Por cierto, es la primer canción de la historia en la que pienso que Richard no canta bien. Todo un símbolo.

Pd.: me gusta que los discos sean calificados mediante estrellitas, por eso me tomé el atrevimiento de hacerlo.

Pd.: próximamente un posteo sobre los mejores cantantes nasales de la historia.

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Monday, August 07, 2006

Los 90´

La década se fue hace ya 6 años, y cada vez la veo más mítica, más propensa a la leyenda y a los vicios de los historiadores. Hacer un repaso por bandas que se desintegraron y discos editados me parecía aburrido. Cuando pienso en mi infancia se me vienen a la cabeza 5 o 6 situaciones, nada más, 5 o 6 situaciones para 10 años de vida. Pero, y esto es lo importante, el recuerdo de alguna de esas escenas, el acto de revivir con la memoria un simple segundo de esos eventos, es más significativo y vívido que cualquier recuento de hechos. La esencia de las cosas está en esas sensaciones que desde lo efímero encierran lo eterno. Por eso, se me ocurrió hablar sobre los 90 (que por cierto, es “mi” década) haciendo un repaso de imágenes y emociones, que creo que es lo que perdurará con el tiempo, no un par de cambios de domicilios o las desventuras emocionales de algunos músicos.

1. El intermezzo de guitarras en Stop Breathin´ de Pavement

Bueno, creo que es lo más parecido a una coda onda Babe I’m gonna leave you que un grupo de inútiles de Stockton pudo llegar a hacer alguna vez. Hay tanta rabia contenida, tanto aburrimiento frente al televisor, tantas tardes dando vueltas una y otra vez por la mismas calles del pueblo en un auto hecho mierda, tanta frustración en esas guitarras, que uno hasta puede ver la cara que está poniendo Malkmus cuando lo imagina tocándolas, con los ojos bien cerrados, los dientes apretados y el pelo desprolijo cayéndole sobre la cara. Es impresionante. Si la música se trata de expresar sentimientos, este intervalo de Stop Breathin´ es un manual. Me acuerdo lo que pensé la primera vez que la escuché: “por Dios, este tipo me está leyendo como un libro”. Es gracioso ahora, pero así fue. Bah, así es.

2. El cover de The Man Who Sold The World de Nirvana en el Unplugged para Mtv

Todo el Unplugged es impresionante, ya habrán escuchado la historieta mil veces. Personalmente, destaco la ética punk de Cobain, bien demostrada en el hecho de hacer prácticamente un disco de covers y, aún mejor, de covers de bandas desconocidas para el gran público, como los Meat Puppets. ¿Se puede ser punk en Mtv? Bueno, claro, ese recital es la prueba. La banda se apoderó de la situación, e hizo quedar a toda la maquinaria del Sagrado Canal Musical como una Pyme Organizadora de Eventos. Eso es ser realmente bueno. El tema de Bowie lo elijo porque siempre es grato presenciar el momento en que algo se vuelve inmortal, y eso fue lo que hizo Cobain con esa canción, la inmortalizó, algo así como comprender mientras Maradona iba pasando ingleses que el gordo los iba a pasar para toda la eternidad. Por otro lado, el solo de Cobain me sigue emocionando, ¡es genial! Otra vez: después de oír ese solo, sé exactamente como se sentía Kurt aquél día. Expresión perfecta de sentimientos. No sé lo que le pasó, no sé casi nada de su vida personal, pero conozco esas sensaciones y al escucharlo comprendo por lo que estaba pasando. También él va a estar tocando esa canción para siempre.

3. Las flautas traversas en Empire State de Mercury Rev

Esta fue mi puerta de acceso a una clase de sensibilidad musical que desconocía por completo. Lo mío eran las guitarras, hasta que escuché Deserter´s Songs. Descubrir a Mercury Rev es una aventura fascinante. Empire State es uno de los tres mejores temas de inicio de un disco de rock, en mi opinión. Escucharlo es una aventura épica ambientada en un edificio moderno tomado por vikingos descontrolados. El piano te machaca el cerebro y desde ese punto de partida la canción va levantando cada vez más, los instrumentos se van sumando, los vikingos van subiendo las escaleras buscando al tipo de traje que está en el piso 89, empezás a escuchar violines, otras cuerdas e incluso instrumentos que no podés descifrar, la gente huye espantada y estos cosacos van destruyendo todo a su paso, piso 66, están agotados, toman aire y entonces un gong chino sale de algún parlante escondido de tu equipo y te pone al filo del sillón en el que ingenuamente te sentaste a escuchar un temita, todo arranca otra vez, es una locomotora de música céltica-punk-ambient-clásica-JohnWilliams, los tipos de barbas rojizas mojadas por su propia saliva se aplastan unos a otros y llegan, el tipo de traje está sentado un una habitación absolutamente blanca, el traje es negro, la batería quiere salir de la computadora, el piano también, la habitación es blanca y el tipo tiene un traje negro y los vikingos lo miran asustados, y en el lugar hay un viento insoportable, y el tipo tiene un interruptor y aprieta un botón rojo y todo explota, y ahí entran las gloriosas flautas, todas las almas van al cielo y las flautas musicalizan su ascenso celestial... Sí, Mercury Rev fue mi puerta de acceso a una clase de sensibilidad musical que desconocía por completo. Por completo.

4. La caminata de Richard Ashcroft en el vídeo de Bittersweet Simphony

Los violines gloriosos, el blanco y negro, la campera de cuero, la anti-facha de Richard, las calles horribles de una ciudad inglesa, las caras de la gente cuando lo ven pasar... todo en este vídeo es memorable. Sin dudas, lo trascendente aquí es la actitud, la actitud de Aschroft al caminar, se le puede ver en los ojos, como ido, cruzándose con personas sin importarle nada, moviendo los brazos de un lado a otro como un Liam Gallagher con contenido. Se te queda grabado en la cabeza. Momento mágico de esta década, el principio del fin de una banda buenísima que se despedía del ruido y recibía a las canciones. Me quedo con A Storm In Heaven, por mucho el mejor disco del grupo, y con este vídeo genial que he visto unas mil doscientas veces, según últimos cálculos.

5. El vídeo de Let Forever Be de los Chemical Brothers

Recuerdo el cuadro de Velásquez, Las Meninas, y la impresión que me causó cuando pude intuir su sentido. La observación de la observación, el problema de la mirada que ya nunca se pudo volver a evitar. Algo parecido me pasó cuando en Mtv contemplé (esta palabra es para vos, Kant) Let Forever Be, el vídeo de Michel Gondry. Ambas obras están relacionadas en un punto. Pero creo que Gondry suma una nueva capa a esta mirada en el espejo, suma un tercer ojo a la cuestión, un caledoiscopio entre la cámara y el actor, que deforma perspectivas y juega con esa ilusión que a veces parece real: el espacio. En los noventa, con la televisión e Internet, las miradas se multiplicaron, todo el mundo fue artista y espectador, cada uno construyó una cultura a su medida y las conjeturas sobre las cosas fueron tantas que el mundo se volvió un hecho “cubista” a la manera de Picasso. Más allá de la inventiva y de la pericia técnica del director (por cierto, un genio) y a riesgo de parecer un semiólogo aburrido, este vídeo es muy bueno para entender la fragmentación de la información (y por lo tanto de la realidad) y el poder de los medios de construir lugares a su antojo. Además, ¡el tema es muy bueno!

6. Paranoid Android de Radiohead

Si en los 70 estuvo Stairway to Heaven y en los 80 Bohemian Rapsody, los 90 no podían quedarse sin su himno. Por un momento pareció que el cetro le iba a quedar a November Rain, pero Cobain se encargó de enterrar a Slash y a su solo afuera de la capilla, por lo que la cuestión seguía vacante. De pronto, Paranoid Android. Es un antihimno, sin dudas, una canción que parece reflejar los estados de ánimos cambiantes de un adolescente caprichoso acomodado en un rincón de su habitación, enojado sin motivos con todo, que le grita a sus padres cuando le vienen a hablar pero que llama la atención cuando nadie lo mira. El pibe que imagino grita desaforadamente por momentos, por otros solloza en silencio, por otros repite palabras inteligibles una y otra vez para sí mismo, la habitación está oscura y en la pared hay un par de pósters de The Cure. Recuerdo el vídeo animado, pibes sin capacidad de asombro (clave para entender la década) presenciando descuartizamientos, milagros y demás anormalidades. Excelente.

7. La introducción de Cigarrettes and Alcohol

Esto es genial, la suprema desfachatez de los Gallagher representada en esa introducción afanada literalmente del tema de Marc Bolan, el espíritu Oasis en todo su esplendor. Sí, el tema es de otro, ¿y qué? Lo uso para hacer un tema mío, que además habla de puchos y alcohol y en el que tiro frases como “you gotta make it happend”. Había mucho boludo deprimido en el mundo, mucho pendejo clase media sin respuestas, y Liam les vino a decir en la cara: “Fuck, mate, this is the answer: rock and roll!”. La respuesta era el riff de Get it On, las melodías de los Faces, los gritos de Johnny Roten, cómo no se me ocurrió antes... El rock es lo único que viene salvando pendejos ingleses hace años: el buen rock que los saca de las fábricas y los sube arriba de un escenario donde un montón de pendejas se los quieren coger, donde el New Musical Express está desesperado por hacerles notas, donde John Peel afila su micrófono. Noel lo dijo una vez: “en Inglaterra tenés 3 opciones: o trabajás en una fábrica y morís ahí, o te ponés a jugar al fútbol, o armás una banda de rock”. Ya saben su respuesta.

8. El bajo de Safe From Harm de Massive Attack

¿Una simple línea de bajo puede crear imágenes o situaciones en la mente de un ser humano? Sí, obvio. El que lo niega nunca escuchó Safe From Harm, tema que abre el disco Blue Lines de Massive Attack. Les digo lo que veo cuando la escucho: noche, neblina, a lo lejos luces de un puerto venido a menos que la oscuridad no deja ver, estoy dentro de un auto, la ruta está invisible, sólo veo lo que débilmente iluminan los faroles del vehículo, dentro de éste voy con tres amigos, todos en silencio, mirando melancólicamente por la ventanilla la oscura masa negra que nos rodea, uno de ellos con la cabeza apoyada contra el vidrio, avanzando sin decirnos nada durante horas, alguien enciende un cigarrillo y entonces su rostro se alumbra unos momentos para luego apagarse irremediablemente, el coche avanza casi flotando, lentamente, como un tronco dejándose arrastrar por una marea negra. Y es sólo una línea de bajo...

9. Los ladridos de perro en Spanish Dance Troupe de Gorkys Zygotic Mincy

Descubrí a Gorky´s a través de un listado que leí en la página de Pink Moon. El nombre era tan raro que no pude resistir la curiosidad de escuchar lo que hacían estos pibes, que al parecer eran de Gales. Bajamos un número indefinido de temas con el Kazaa, y éstos se ordenaron vaya a saber uno de qué manera aleatoria en la carpeta que armamos del grupo. La forma en que la compu mandó las canciones aún hoy me resulta sorprendente, porque la lista está muy bien estructurada e incluso maneja climas. Todos los temas de ese compilado cibernético estan buenos, pero Spanish Dance Troupe fue el primero que me sorprendió. Durante una época, llegaba a ponerlo unas 10 veces por día. Tiene la clase de clima que me gusta escuchar en una canción: una especie de feliz nostalgia, o una alegre melancolía, lo que sea. El violín introductor está genial, suena a música céltica pero en ningún momento se aparta del rock o se vuelve world music. La voz de Euros está siempre a punto de quebrarse, y sin embargo en su fragilidad se sostiene durante todo el tema, dulce y acompañadora. Usan trompetas, ladridos de perros, y todo con un buen gusto genial. La letra adolescente-en-sus-últimos-días se te queda grabada en el cerebro.

10. La voz femenina en When You Sleep de My Bloody Valentine

El demente de Kevin Shields pasó a la historia como El Hombre Del Ruido, pero yo lo reivindico como compositor, porque algunas de sus canciones (y sobre todo, sus melodías) son geniales. Es cierto que usa la voz casi como una capa sonora más que va sobrevolando su mar de guitarras distorsionadas, pero si uno les presta atención a los temas puede incluso ¡tocarlos en su guitarra criolla! Y funcionan muy bien, serían parte de un fogón de secundaria muy snob. When You Sleep te vuela la peluca, literalmente, pero mi momento preferido es ése en el que la chica entra a cantar, como inconsciente del ruido infernal que hay debajo de ella, casi apática, farfullando unas palabras inteligibles, explicándole a Cerati cómo se deben hacer las cosas. ¡Volvé a grabar, enfermo!

11. La letra de The State I´m In de Belle and Sebastian

I was surprised, I was happy for a day in 1975I was puzzled by a dream, stayed with me all day in 1995 My brother had confessed that he was gayIt took the heat off me for a whileHe stood up with a sailor friendMade it known upon my sisters wedding day I got married in a rush to save a kid from being deportedNow she's in loveI was so touched, I was moved to kick the crutchesFrom my crippled friendShe was not impressed ‘cos I cured her on the SabbathSo I went to confessWhen she saw the funny side, we introduced my child brideTo whisky and ginThe priest in the booth had a photographic memoryFor all he had heardHe took all of my sins and he wrote a pocket novel called"The State I Am In"So I gave myself to GodThere was a pregnant pause before he said okNow I spend my day turning tables round In Marks & Spencer'sThey don't seem to mindI gave myself to sinI gave myself to ProvidenceAnd I've been there and back againThe state that I am inOh love of mine, would you condescend to help meCause I'm stupid and blindDesperation is the Devil's work, it is the folly of a boys empty mindNow I'm feeling dangerous, riding on city buses for a hobby is sadLead me to a living endI promised that I'd entertain my crippled friendMy crippled friend

12. El riff final de guitarra en Hot Chicken (Flying Lesson #1) de Yo La Tengo

Yo La Tengo es una banda perfecta. Nunca escuché un tema de ellos que me pareciera malo. Su idea del sonido, de cómo debe sonar una banda, es impresionante. Conecten a la Velvet a un amplificador Marshall y estamos por ahí. Siempre están tratando de hacer cosas nuevas, siempre buscan expandir sus horizontes. En fin… Esta canción es ideal para escucharla cuando uno está realmente enojado, cuando tiene ese agrio sentimiento de “porque-no-se-van-todos-a-la-concha-de-su-regaladísima-madre”. Perfecta para ilustrar momentos en los que todo, por algún motivo extraño, rompe las pelotas. Y el riff final te levanta de la silla.

13. La campera deportiva de Damon Albarn en el vídeo de Girls and Boys de Blur

No sé por qué, pero cuando vi este vídeo sentí un profundo impacto. Pienso: venía de ver a los Guns and Roses con sus camperas de cuero legendarias, a Nirvana con esos pulóveres horribles y los jeans desgarrados, y de repente este grupo de pendejos que se vestían ¡parecido a mí! Camperas deportivas Fila, yo tenía una muy parecida, se puede hacer rock en camperas deportivas, increíble, encima en el vídeo Damon se mueve como si estuviera esperando que la canción termine para rajar del lugar y volver a jugar a los videojuegos, muy bueno amigos de Colchester, muy bueno. El tema es alegre, feliz, fiestero, cínico, irónico, distanciado, había uno con lentes de nerd (Coxon es mi favorito) y un colorado en la batería. Música hecha por Common People (ese debería ser otro de los grandes momentos de la década).

14. El riff de Don´t fight it, feel it de Primal Scream

En un momento de la historia del rock, la rave y los acordes se guitarras se unieron, los públicos se volvieron uno solo y la pista de baile fue un lugar de locura compartida. Antes de toda la fantochada que vemos ahora, con festivales que se parecen demasiado a eventos publicitarios, con personajes a quienes les importa un carajo la música, bailar desaforadamente al compás de un beat repetido era un evento cultural trascendente. Primal Scream estuvo ahí, en el centro de todas esas drogas químicas, haciendo bailar a un montón de pendejos que buscaban divertirse siquiera 3 horas por fin de semana. El riff de Don´t fight it, feel it resume perfectamente esa sensación, cuando lo escucho puedo ver a los pequeños Chemical Brothers bailándolo en un boliche de Manchester, fanáticos del punk rock excitados con esta transformación hacia lo primitivo de la música que amaban. Hubo un momento en el que todo eso valía la pena, en el que lo “electrónico” era un nuevo lenguaje, una nueva herramienta para expresar cosas interesantes. Ahora todo se fue un poco al carajo, obvio.

15. El vídeo de Sabotage de los Beastie Boys

Spike Jonze es el creador de lo “cool”, preludia el rescate de géneros berretas perpetrado por Quentin Tarantino en Pulp Fiction o Jackie Brown. Este vídeo incluye casi todo los elementos con los que Pergolini abriría una productora: congelado, inscripciones, cámara lenta, estilización extrema de la imagen, sentido del humor cínico. Estas son las marcas de la década, en cuanto a imagen al menos. Recuperar el pasado y volverlo posible, aún cuando éste fuera espantoso. La parodia como eje, los policiales truchos de los setenta ahora son kitsch o algo por el estilo, capacidad para hacer humor y para disfrutar de esos lentes y esos trajes que lucen tan bien en cualquiera. Es genial, no hay mucho más para decir al respecto. Los Beastie Boys están muy graciosos y éste es uno de sus mejores temas.

16. La coda final de Dry The Rain de The Beta Band

El otro día me enteré que The Beta Band se separó alegando “escaso éxito comercial”. Enseguida se me vino a la cabeza esa escena de High Fidelity en la que John Cusack dice “voy a vender cinco copias de The 3 EP´s de The Beta Band” y pone esa fantástica melodía final. Enseguida un tipo se acerca y, moviendo la cabeza, pregunta qué es lo que está sonando. Sí, a veces el mundo puede ser injusto y Keane llega a vender más discos que una banda que es un millón de veces más interesante. En fin... Es un momento clásico de los 90 por la película, por el tema en sí y, por qué no, porque me hace pensar que Mtv (más que nunca durante esta década) se apoderó de la difusión de las cosas y dejó afuera de la fiesta a bandas de la calidad de los pobres Beta. Gracias a Dios por Internet. Pero, por otro lado, los pibes no obtuvieron un solo centavo de las descargas que hice y tuvieron que separarse. Mmm... es una situación difícil.

17. Track Goes By de High Llamas

Imaginen una película lisérgica de Disney, aún mas demente que Fantasía, imagínenla dirigida por Tim Leary, una cruza entre Alicia en el País de las Maravillas y Las Puertas de la Percepción de Aldous Huxley dirigida a chicos de 5 años. Bueno, la banda de sonido perfecta para ese improbable filme sería High Llamas. El tema arranca de manera convencional, una canción preciosa, digna heredera de McCartney, con coros onda Michael Wilson, para luego transformarse en una especie de coda pop mántrica, con dos acordes que se repiten una y otra vez durante 12 minutos, con flautas y violines que aparecen y desaparecen, con armonías que uno cree escuchar pero que no existen, que nuestro propio cerebro ha inventado. Es un placer para los oídos. Pienso que la irrupción de lo visual ha sido tan fuerte en los 90 que muchos músicos han jugado a musicalizar películas que no existen o, aún mejor, han tratado de crear imagen con sonido, proceso inverso al tradicional en el ámbito cinematográfico. Hay pruebas de eso. Muchos músicos en esa línea. Daft Punk, por ejemplo, ha realizado lo que ellos llaman “una película para los oídos”, Pablo Schanton recomendaba bajarse la obra de un artista del que no recuerdo el nombre, que musicalizó una película sobre la que no se han creado imágenes, pero que uno casi puede sentir escuchando la música. Más allá de eso, Track Goes By es un viaje asegurado desde el sillón de tu casa, es como recorrer mundos inventados en la comodidad de tu departamento. ¡Hay algo más noventoso que eso!

18. Kim Gordon y Kim Deal

Las dos se llaman Kim, las dos tienen pinta de primas mayores desequilibradas y de pésima fama entre la familia, las dos cantan como adolescentes que acaban de pegar su primer viaje de cocaína, las dos tocan el bajo en las bandas más importantes e influyentes del rock de los 90. Cuando pienso en Sonic Youth o Pixies, no se me vienen a la cabeza ni Thurston Moore ni Jim O´Rourke ni El gordo Francis, enseguida pienso en ellas dos, moviéndose dulcemente con su bajo mientras una catarata de ruido le atomiza el cerebro a miles de jóvenes desorientados. Son el contrapunto escénico, el balance cósmico que necesitan bandas tan extremas como éstas. Ni siquiera se trata de belleza, porque ninguna de las dos es muy linda (me quedo con Deal de todos modos), sino de celebrar y compartir otro tipo de actitud, un goce introspectivo, un pequeño cuadro impresionista en un concierto organizado por los Fauves alemanes, los ojos cerrados y el cuerpo moviéndose de un lado a otro, una ecuación que cierra, como si estuvieran escuchando una cajita musical en lugar de Goo.

19. 1979 de Smashing Pumpkins

Billy Corgan estaba muy inspirado aquél día. Habrá desempolvado sus discos de Sonic Youth y habrá compuesto esta canción gloriosa, que tiene esa melodía de recién levantado que crea tanto clima. Cuando escucho a los Pumpkins me pasa que siento excesivamente a los 90, como si no hubieran logrado trascender su época. Pero 1979 es una excepción, es una canción que perdura, que he escuchado mil veces y que sigue provocándome el mismo efecto. El video, por otro lado, es muy bueno. Pone en imágenes eso que imaginaba en Pavement: sencillo aburrimiento existencial, tedio perpetuo, anomia, etc. Los pibes destruyen un mercado sólo por diversión. Pasean en auto una y otra vez, siempre por las mismas calles. Van a un mirador al que habrán ido mil veces y hacen un enorme Fuck You. Créanme que entiendo la sensación.

20. Big fan of the bigpen – Guided by voces

Gran tema para cerrar una película, digamos, dirigida por Wes Anderson, o por su colega y tocayo Paul Thomas. Una guitarra acústica low fi y una voz anti rock star logran la magia que Bono no consigue ni juntándose con William Orbit o Brian Eno. La voz está filtrada, parece sonar a través de un megáfono oxidado, el bajo está a un volumen exagerado, el solo lo hicieron con un banjo, todo se va sumando para crear una verdadera obra maestra. Ni hablar que, a la mitad, el tema se detiene y arranca una cosa completamente distinta, una zapada mal grabada que parece el final de otra canción que no entró en el disco. Claro, se llama arte.

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